Barbastro, año 0

Barbastro, en la provincia de Huesca, es una ciudad tranquila que rara vez aparece en los periódicos con motivo de algún suceso o caso judicial. Tal estadística de tranquilidad se rompió este año, el pasado mes de marzo con un crimen que conmocionó a su población, a las instituciones y medios de comunicación por igual.

Todo el mundo ha oído hablar, con más frecuencia incluso en las últimas semanas, del grave sucedido: En un control de alcoholemia a la entrada de la ciudad, un coche conducido por un menor y acompañado de otras tres personas, provocó la muerte de un agente de tráfico cuando intentaba evitar que se fugaran de dicho control, terminando en un accidente donde también chocaron contra otro vehículo, causando daños y lesiones a los que lo iban en él.

Homicidio doloso y atentado a un agente de la autoridad, conducción temeraria, sin licencia y lesiones, todo ello causado por una persona que en el momento de los hechos contaba con 17 años, siéndole aplicable la Ley Penal del Menor; norma aparte en el área del Derecho penal, pues las condiciones, personalidad, desarrollo y capacidades difieren de las de los adultos, y particularmente se entiende que frente al castigo y la resocialización de la cárcel, debe primar la reeducación, cuando una persona menor de edad comete lo que el Código recoge como delitos. Por eso precisamente hasta el lenguaje cambia cuando se juzgan casos de menores, en vez de “penas” se establecen “medidas”, o no instruye el caso un Juez, sino el Fiscal de Menores.

barbastro

En una rápida investigación de la Guardia Civil, tanto el autor como los demás menores que le acompañaban fueron detenidos. En estos ocho meses quedó preparado el juicio, celebrado en este mes de noviembre. Como cuestiones curiosas:

  • La acusación, en nombre de la familia, interesaba el máximo que se le pueda imponer a un menor, diez de internamiento en régimen cerrado en un centro de menores; se acaba condenando al autor a seis años de internamiento en centro de menores al autor (podrá pasar a la cárcel con veintiún años) más otros cuatro años de libertad vigilada, prohibiéndole sacarse el carnet de conducir durante el periodo de dos años al salir. Esencialmente, el delito principal es el homicidio del agente, y este se ha considerado que ha ocurrido con dolo, no ha sido una imprudencia, y aunque el conductor no quisiera matarlo, sí sabía que lo que hacía podía causar la muerte, y aún así continuó la marcha, llegando a arrastrarlo casi medio kilómetro a unos 80 km/hora. La idea contraria era la mantenida por la defensa, interesando que el caso se viera como un homicidio imprudente, junto a una posible deficiencia mental del conductor para entender la gravedad del accidente.
  • El intento de la acusación, en nombre de la viuda y familia del agente fallecido, de que se consideraran encubridores, o coautores del homicidio, a los tres ocupantes del coche, de entenderse que debieron haber hecho algo para parar el coche y evitar el accidente; pero la Juez no lo consideró así, y los deja libres. La Juez absuelve al resto de acompañantes del autor, frente al argumento del abogado de la acusación, que quería se les declararan como encubridores, que supone un delito per se cuando se intenta favorecer al delincuente ayudando a ocultarse o  evitando que responda de su delito; a una chica que estaba en el asiento de copiloto, del coche que causó el accidente, no se le declara cooperadora ni cómplice, contrariamente a lo que también deseaba la acusación, pues ni ayudaron ni hicieron directamente nada que ayudara al autor a causar la muerte; en el estado de miedo en el que se encontraban, tres chicos menores ante una situación tan violenta y rápida, la Juez entiende que ningún otro reproche se les puede hacer, y les absuelve. Se les reprochaba de igual manera, que no hicieran nada en su momento para que el conductor siguiera conduciendo y acelerando el vehículo, pero el miedo les impedía poder hacer nada, sin saber tampoco que, por ejemplo, quitar la llave hubiera evitado seguir por la carretera, o acaso poner el freno de mano.

Todo eso recoge la sentencia de este caso, que acompaño aquí:

16-11-25-st-menores-hsc-33-16-guardia-civil-barbastro

El último estado de la cuestión depende de si las partes quieren recurrir la sentencia; de hacerlo, el autor podría salir libre pues se cumple el tiempo máximo (efectivamente y como marca la Ley, seis meses, ampliables a tres más) en que puede estar en el centro de menores, si la sentencia no es firme; si no se presenta la apelación, pidiendo se vuelva a conocer del caso y se resuelva otra vez, quedará cumpliendo la medida de 6 años, sin que quepa continuar el proceso.

Un caso muy duro y nefasto que nos ha conmocionado a todos; en conclusión, que la gravedad de lo ocurrido ayude a concienciar del orden debido en la educación de los hijos, al asumir los riesgos al conducir y hacerlo correctamente.

El orden lo es todo, y sin orden no hay nada.

Alberto Lloret.

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